
Antes de casarme, cuando pensaba en matrimonio, imaginaba que este matrimonio tenía que ser con alguien que me haría feliz. ¿Quién no ha pensado así? Solo hay un problema en este pensamiento que muchas de las veces no nos hemos dado cuenta: no somos el único envuelto en esta relación, existe otra persona a nuestro lado.
En realidad, así como la otra persona está allí para hacerme feliz, lo mismo me toca hacer por él. ¿Cuándo fue la última vez que usted pensó en eso? ¿Cuándo fue que usted sacrificó su querer, por el querer de su pareja?
Por ejemplo a mi esposo no le gusta ir al centro comercial, pero a mí, me encanta. Algunas veces él me lleva a pasear en el centro comercial y cuando lo hace, sé cuánto está sacrificando su querer por el mío. Yo he dado un valor inestimable a esta actitud de parte de él. Hago de todo para agradecerle y mostrar lo cuanto él me agradó.
Admito que siempre detesté el futbol, pero a mi esposo le encanta. ¿Sabe lo que tuve que hacer? SACRIFICAR. Empecé a sentarme con él para ver el futbol, a interesarme por los equipos y hasta empecé a leer sobre deportes en los periódicos para que pudiese hacer comentarios sobre ellos.
Un día él me dijo: amor no necesitas hacer comentarios, porque todo lo que tú has comentado no tiene nada que ver, pero ya entendí tu esfuerzo. Le dije: creo que memoricé los nombres equivocados.
No voy a mentirles, ni decirles que ahora amo el futbol, pero por él yo sacrifico mi voluntad y él hace lo mismo por mí. Eso es dar y es en el dar que está el secreto para un matrimonio feliz.
A partir de hoy, usted va a recordar que no está sola en esta relación y se va a preocupar en dar y sacrificar. Busque situaciones en que quede evidente para él su sacrificio, o sea su DAR. Él se sentirá supervalorado y lo mejor es que no tardará mucho en hacer lo mismo por usted.
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