
Nuestra relación con Dios y con nuestro cónyuge merece estar en nuestra lista de prioridades. Si no tenemos cuidado podemos permitir que alguien o algo creen una brecha entre nosotros y la persona que tanto amamos.
Si queremos relaciones sanas tenemos que aprender a mantener alejado el conflicto. Dios creó a cada uno de nosotros como individuos únicos. Tenemos personalidades y temperamentos distintos. Vemos las cosas de manera diferente, así que no ha de sorprendernos que de vez en cuando haya roces. Muy a menudo, sin embargo, si alguien no está de acuerdo con nosotros con respecto a algo, eso nos molesta y se crea un ambiente propicio para el conflicto. He descubierto que aun así, el hecho de que alguien esté en desacuerdo conmigo o no haga las cosas como yo, no significa que esa persona esté equivocada y yo esté en lo cierto. Somos diferentes, nada más, y nuestras diferencias pueden causar fricción.
Hace falta madurez para poder llevarnos bien con alguien distinto. Hace falta paciencia para no discutir por cosas menores, para no sentirse ofendido por poca cosa. Si queremos mantener alejado el conflicto, tendremos que aprender a pasar por alto algunas cosas. Todos tenemos defectos y debilidades. No debemos de esperar la perfección en quienes nos rodean.
No importa cuán grandiosa sea una persona y lo mucho que la ame, si está con ella el tiempo suficiente habrá ocasiones en que se sentirá ofendido(a) porque no existe tal cosa como el cónyuge perfecto. Si no somos realistas en cuanto a nuestras expectativas, y esperamos que el otro sea perfecto, no estaremos siendo justos; y eso nos causará frustración. Siempre sentiremos desilusión.
Hay quienes viven con la actitud de: “Te amo siempre y cuando no me lastimes. O siempre y cuando no te equivoques. Seré bueno para ti siempre y cuando me trates bien; siempre y cuando hagas las cosas a mi modo. Entonces te aceptaré y seré feliz”.
Esto es muy injusto y pone demasiada presión sobre la otra persona. La Biblia nos enseña que el amor debe de dejar pasar lo que no nos agrada del otro. Es decir que tenemos que pasar por alto algunas cosas. Deje ya de esperar la perfección de parte de su esposo o de su esposa y aprenda a mostrar algo de tolerancia. Si así lo hace la vida a dos puede ser mucho más feliz.
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